Si acabás de regresar de una expedición en el volcán o te metiste a un terreno baldío en Carretera a El Salvador, seguro tus botas militares terminaron hechas un desastre. El lodo seco es traicionero porque se mete en las costuras y, si lo dejás ahí mucho tiempo, puede llegar a tostar el cuero o manchar permanentemente la lona. No cometás el error de meterlas a la lavadora de tu casa, porque el peso de las botas puede arruinar el tambor y el exceso de agua debilita el pegamento de la suela. Lo primero que tenés que hacer es dejar que el lodo se seque por completo en un lugar fresco, lejos del sol directo para que no se parta el material.
Una vez que el lodo esté bien seco, agarrá un cepillo de cerdas duras y empezá a sacudir las botas en el patio o sobre un periódico para no ensuciar toda tu casa. Tenés que darle con fuerza a la suela de hule para sacar las piedras y los terrones que se quedan trabados en el diseño de tracción. Si tus botas son de gamuza o nubuck, hacelo con mucho más cuidado para no pelar la textura del material. Este paso es clave porque si mojás el lodo antes de quitar el exceso, solo vas a crear una pasta que se va a meter más profundo en los poros de la bota.
Para la limpieza profunda, prepará una mezcla de agua tibia con un poco de jabón suave y usá un paño de microfibra para ir removiendo las manchas que quedaron impregnadas. Si tus botas militares son las de dotación o de cuero liso, podés usar un cepillo de dientes viejo para limpiar bien el área de los ojales donde se pasan las cintas. No te olvidés de quitar las plantillas y las cintas para lavarlas por aparte, ya que ahí es donde más se acumula el mal olor después de una jornada larga bajo la lluvia. Secarlas es la parte más lenta; nunca usés secadora ni las pongás a la par de la estufa porque el calor excesivo deforma el calzado.
Sabemos que limpiar botas militares con lodo seco es una tarea pesada que quita un montón de tiempo, especialmente si las usás para el trabajo o para ir al colegio en días de invierno. A veces, por más que tallés, quedan esas sombras cafés que no se quitan con nada y que hacen que tus botas se miren viejas. No te arriesgués a usar químicos extraños o cloro que pueden decolorar el material para siempre. Lo ideal es buscar manos expertas que sepan tratar cada tipo de tela y cuero con los productos adecuados para devolverles su flexibilidad y color original.
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