Si sos de los que sale a correr por la zona 14 o te echás tus kilómetros en Carretera a El Salvador, seguro sabés que los Brooks Glycerin son una joya por su amortiguación. Sin embargo, esa malla técnica que los hace tan frescos también es un imán para el polvo y el lodo de nuestras calles. Si no los cuidás bien, el sudor y la humedad del invierno guatemalteco terminan pudriendo las fibras, haciendo que la tela se rompa antes de tiempo y perdás tu inversión. Tenés que entender que esa malla requiere un trato especial para que no se estire ni pierda su forma original.
El error más grande que podés cometer es meter tus Brooks a la lavadora; eso es sentencia de muerte para el hule de la suela y la estructura del calzado. Para limpiar la malla, lo ideal es que uses un cepillo de cerdas suaves y eliminés el exceso de tierra en seco antes de aplicar cualquier líquido. Si saliste a correr y te agarró un llovizna de esas fuertes, no los pongás debajo del sol directo ni cerca de la secadora, porque el calor deforma el material. Lo mejor es que les pongás papel periódico adentro para que absorba la humedad y los dejés en un lugar ventilado.
Si los usás para el gimnasio o para ir al colegio con los patojos, recordá que el sudor también mancha la malla blanca o de colores claros. Esas manchas amarillentas son difíciles de quitar si dejás que pasen semanas sin darles mantenimiento. Podés usar una mezcla de jabón neutro con un poco de agua tibia, pero tenés que frotar con cuidado, siempre siguiendo la dirección del tejido para no despeltrar la tela. Si sentís que ya huelen mal o se ven muy curtidos, no te desesperés queriendo usar cloro, porque eso solo va a tostar el material.
Mantener tus Brooks Glycerin impecables también depende de cómo los guardás después de cada entreno. No los dejés tirados en el baúl del carro ni los amontonés con las chancletas en el clóset. La malla necesita respirar; si la dejás apretada, se va marcando y eventualmente se rompe por los puntos de quiebre. Un truco chapín es siempre tener un par de repuesto para rotarlos, así dejás que la espuma de la suela recupere su forma y la malla se seque por completo antes de la siguiente aventura.
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