Seguro te ha pasado que comprás un par de zapatos de charol para una boda o para que tus patojos vayan nítidos al colegio, pero al poco tiempo pierden ese brillo espejo que tanto te gusta. El cuero patente es delicado y, aunque parece resistente al agua, las manchas de lodo o el polvo de la grama pueden rayar la superficie si no tenés cuidado. Si querés que te duren años, lo primero que debés entender es que el charol no se limpia igual que el cuero normal; si le metés cepillos duros, lo vas a arruinar de por vida.
Para mantener el brillo original, te recomendamos limpiar el exceso de polvo con un paño de microfibra apenas llegués a tu casa, especialmente si caminaste por zonas con mucha tierra como las que encontrás en Carretera a El Salvador. Evitá a toda costa usar aceites pesados o siliconas baratas que venden en el súper, porque estas sustancias solo pegan la mugre y terminan opacando el acabado. Un truco casero que podés aplicar es usar una gota de vaselina para humectar la superficie, pero hacelo con suavidad para no dejar marcas grasosas que después cuesta un mundo quitar.
En esta temporada lluviosa de Guatemala, el charol sufre un montón con los charcos y la humedad del ambiente. Si se te mojan los zapatos, nunca los pongás cerca de una fuente de calor o directo al sol porque el cuero se va a tostar y aparecerán grietas horribles que son imposibles de reparar. Lo mejor que podés hacer es secarlos con una toalla suave y meterles papel periódico adentro para que absorba la humedad sin que el zapato pierda su forma elegante. Recordá que el mantenimiento constante es la clave para no tener que gastar en un par nuevo cada seis meses.
Cuando guardés tus zapatos de charol, asegurate de que no se toquen entre sí dentro del clóset. El acabado de patente tiende a "pegarse" con otros materiales, y si los dejás apretados, al separarlos podés arrancar parte del brillo o transferir colores de un zapato a otro. Usar bolsas de tela individuales es la mejor inversión que podés hacer para protegerlos del polvo de la ciudad. Si tenés botas de charol, poneles una horma o cartón para que la caña no se doble y no se le hagan quiebres permanentes en el área del tobillo.
Si sentís que tus zapatos ya perdieron la guerra contra la suciedad o tienen manchas que no salen con nada, no te llevés las manos a la cabeza ni los dejes tirados en el fondo del zapatero. Ya sea que vivás en zona 14 o subás a diario por Muxbal, mantener tu calzado impecable habla mucho de vos y de tu imagen profesional. No arriesgués tus piezas favoritas con experimentos raros si no estás seguro de lo que estás haciendo, mejor buscá ayuda de los que de verdad saben tratar materiales finos.
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