Muchos zapatos se arruinan no por el uso, sino por un almacenamiento incorrecto. En Londri vemos constantemente calzado dañado por humedad, deformación y plagas que pudieron evitarse.
La regla de oro: nunca guardés zapatos sucios. La suciedad atrae humedad e insectos. Limpiá siempre tu calzado antes de almacenarlo, especialmente si no lo vas a usar por un tiempo.
Las hormas son tu mejor inversión. Mantienen la forma del zapato y absorben la humedad residual. Si no tenés hormas, rellená con papel de seda (nunca periódico, que puede manchar).
El ambiente importa. Evitá sótanos húmedos, áticos calientes y armarios sin ventilación. La temperatura ideal es entre 15-25°C con humedad relativa del 50-60%.
Las cajas originales son buenas, pero no perfectas. Agregá sobres de gel de sílice para absorber humedad y hacé pequeños agujeros para ventilación si vas a almacenar por meses.
Para colecciones grandes, considerá un zapatero con puertas de tela o rejilla que permita circulación de aire. Los muebles cerrados de madera sin ventilación atrapan humedad.
Inspeccioná regularmente tu calzado almacenado, especialmente en temporada de lluvia. Un problema detectado a tiempo (moho, insectos) se resuelve fácilmente; uno ignorado puede ser irreversible.