En Guatemala usamos sandalias y caites casi todo el año gracias al clima templado. Pero ese uso constante hace que acumulen suciedad, sudor y mal olor más rápido que cualquier otro tipo de calzado. La buena noticia es que limpiarlos bien es más sencillo de lo que parece, siempre que uses la técnica correcta para cada material.
Las sandalias de cuero necesitan un cuidado especial. Nunca las sumerjás en agua porque el cuero se deforma y se reseca. Limpiá la superficie con un paño húmedo con jabón de pH neutro, secá inmediatamente y aplicá acondicionador de cuero. La plantilla de cuero podés limpiarla con bicarbonato para eliminar el olor.
Los caites de hule o sintético son más resistentes al agua. Podés lavarlos con un cepillo, jabón y agua tibia. Para las manchas de lodo o grama (muy comunes si caminás por el campo o por zonas sin pavimentar), dejá que el lodo se seque y luego cepillá antes de lavar.
Las sandalias de tela, como las Teva o las de tiras de nylon, sí se pueden lavar con agua y jabón. Sumergílas en agua tibia con jabón de trastes, cepillá las tiras y la plantilla, enjuagá bien y dejá secar al aire libre. Nunca las pongás en secadora.
El mayor problema de las sandalias es el olor. La plantilla absorbe el sudor del pie directamente. Esparcí bicarbonato de sodio sobre la plantilla después de cada uso y dejalo actuar toda la noche. A la mañana siguiente, sacudí el exceso. Esto neutraliza las bacterias que causan el mal olor.
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